NO SOMOS DEL MUNDO
“Estamos en el mundo pero no somos del mundo”. Hace unos días iba de camino a la escuela, al tomar el pesero a las 6:30 a.m., como todas las mañanas, me encontré a una mujer y su hija, ya la había visto antes en el mismo pesero y a la misma hora, llevaba a su hija a la escuela; la niña de 12 años con parálisis cerebral, alumna de sexto grado de primaria, en una escuela de gobierno.
La señora se me acerco y comenzó a expresar su indignación y a contarme la historia de su hija, su vida. La niña ya había perdido dos años de primaria por sufrir humillaciones por parte de su maestra; la señora fue a derechos humanos y a la secretaria de educación pública y denunció este hecho y nada pasó, tuvo que dejar esa primaria. Ahora en esta nueva escuela donde estudia, estaba pasando lo mismo, la maestra estaba burlándose y humillando a su hija, solo por tener capacidades distintas.
Yo le comente que siguiera luchando, pidiéndole a Jesús; que la niña era tanto o mas valiosa que los demás niños, que era una bendición tener una hija tan cariñosa, amorosa y hermosa; yo en ese momento ya tenía que bajar del pesero, ya había llegado a mi destino, me despedí ofreciéndole mis oraciones, ella quedó muy tranquila y con esperanza en Jesús.
Al siguiente día yo seguí reflexionando cuantos casos de injusticia hay en nuestro mundo, de humillaciones, rechazos, abandonos. Me di a la tarea de ir observando los rostros de nuestra gente, durante los siguientes días, cuando se dirigen a los trabajos, a la escuela, etc. muchos de ellos rostros de tristeza, amargura, depresión, ansiedad, padres preocupados, jóvenes tan solos que tienen que refugiarse en ponerse sus audífonos y encerrarse en si mismos, en la música, para no pensar, para que no les duela tanto la situación de desamor por la que están pasando, de incomprensión; ver como tienen que asumir una personalidad distinta a la de ellos para ser aceptados; vestirse todos de negro, con cierto corte de cabello, aretes en el cuerpo, tatuajes, etc.
Es impresionante saber que las estadísticas dicen que diario muere una persona por suicidio en las vías del metro de la Ciudad de México, muchos de ellos son jóvenes; esto hasta el día de hoy me causa una gran tristeza.
Y nosotros los que conocemos a Cristo ¿Qué estamos haciendo? Es necesario, es nuestra responsabilidad y compromiso dar a conocer al mundo que existe una forma de vida distinta, llena de Amor, de felicidad, una vida plena que hemos encontrado en Jesús. Tenemos que irradiar a Cristo con nuestra vida, con nuestro testimonio, con nuestro comportar diario a donde quiera que vayamos, en donde quiera que estemos con el solo hecho de vernos se tiene que ver primero Cristo antes que nosotros, tiene que haber algo distinto en nosotros y que los demás deseen saber que es.
Se tiene que distinguir en nuestra forma de convivir con los demás ¿Qué caso tiene decirnos cristianos católicos, seminaristas, misioneros, religiosas, laicos; si nuestro comportar va hacer igual o peor que los demás?
Recordemos que estamos en este mundo, vivimos en él, pero no somos de este mundo, le pertenecemos a Dios. Llevemos esperanza al mundo, demos a Jesús con nuestra vida. Seamos luz en medio de tanta oscuridad, dejemos que el Espíritu Santo encienda nuestros corazones y que haga todo lo que el quiera en nuestra vida.
¿Quién de nosotros no quiere ser feliz? Recordemos al mundo que la verdadera felicidad no esta en el dinero, en los vicios, en las guerras, en el poder, en el rechazar a los mas desamparados; la felicidad verdadera solo la da Jesús y la da a todos los que le abran su corazón, a los que le digan Si, pero un Si sincero; un Si Señor aquí estoy, que se haga lo que tu quieras.
“Haz la prueba y verás que bueno es el Señor”. Él te creo, te salvó; Él te ama más que nadie en el mundo y te está esperando con sus brazos abiertos, para amarte, para hacerte feliz. Te ama tanto que no importa cuantas veces le hayas ofendido, acércate a Él, nunca es tarde.
No tengas miedo a la crítica, al que dirán, a la persecución; no es fácil seguirlo, pero no hay mejor camino, mejor vida que estar con “Aquel que sabemos nos ama”. No dejes que el pecado, las modas, el mundo de frivolidades te conduzcan. Eres una persona que vale la sangre de Jesús, tu cuerpo en templo de su Espíritu.
Buscas fidelidad, Jesús es el único fiel. Buscas amor, Jesús es el Amor verdadero. Buscas la verdad, Jesús es la Verdad y la Vida. Buscas paz, Jesús es la Paz. Buscas justicia, Jesús es la Justicia Plena. Buscas comprensión y felicidad, nadie te conoce y te comprende como Él, es la felicidad verdadera y no la encontraras en ninguna otra parte, en ninguna ciencia, en ninguna filosofía.
Recuerda que “Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida”. Cuando abrimos el corazón a Dios, Él entra en aquellos rincones donde nadie conoce, aquello que nos avergüenza, lo toma y lo limpia, lo purifica, para darte su paz y amarte.
Vivimos en un mundo lleno de ruidos, donde nos han enseñado a no quedarnos callados; un mundo en el que todo es relativo, subjetivo, nos han hecho seres individualistas, “primero yo, después yo y siempre yo” “a mi no me importan los demás”, estas son expresiones muy comunes; estamos siendo bombardeados por la televisión, la radio, los medio de comunicación nos dominan. Ponemos nuestros deseos como voluntad absoluta, hacemos las cosas cuando nos nace; somos una generación que se conforma con “irla pasando”, caemos en una rutina de vida donde no se encuentra la Voluntad de Dios y por más que tratamos ser felices nos damos cuenta que fuera de Jesús no lo somos.
Aprendamos a guardar SILENCIO; callemos nuestros deseos un momento, “el silencio es oro”; dejemos que Dios hable, que sea Dios de nuestra vida. Guardemos silencio un momento con nuestros labios, pero también con nuestro corazón y pensamientos, y ahí en el silencio encontraremos a Dios. Recuerda que no basta creer en Él, porque dice la Biblia que hasta los demonios creen que Jesús es Dios; Jesús te dice “Sígueme”.
Pero seguirlo no es solo aceptar una doctrina, es cambiar nuestras actitudes, comportamientos, es entrar en la vida que Jesús te da, no en la del mundo; es nadar contra la dinámica de infelicidad que el mundo te ofrece a manos llenas.
Jesús te da la plenitud para realizarte como persona, realizarte como su hijo.
Recuerda que NO ERES DEL MUNDO, ERES DE JESUS Y A ÉL LE PERTENECES. Vivamos pues como sus hijos, como hijos de la luz y no de las tinieblas de este mundo.
Te invito a que reflexiones en la Biblia la Primera epístola de San Juan, son tan solo cinco capítulos, léelos y medítalos en el silencio de tu corazón.
Postulante Hermano Comboniano
Carlos Pineda